06 junio 2018

Bloggscritores 3

Mis muy queridos seres míticos.

El día de hoy vengo a ustedes con un retaso de cinco días en mi post. Se suponía que lo publicaría el 31 de mayo pero, por cuestiones fuera de mi alcance como las compañías de internet y la muerte de mi pc, no he podido postearla hasta este momento. De cualquier forma, agradezco enormemente a mis colaboradoras en esta iniciativa de Bloggscitores por echarme tantas porras en Whatsapp y decirme que no importa el tiempo, sino publicarla y, como es de esperarse, darnos la publicidad merecida. Es por eso que el día de hoy, antes de pasar de lleno a mostrarles mi pequeña historia sobre la palabra conexión, me tomaré el honor de presentar a mis colaboradoras:

https://leiwithmis.blogspot.mx/
Http://julianadelpopolo.blogspot.com
https://entre-cafey-libros.blogspot.com/
http://labibliotecadeailuz.blogspot.com
https://lectorasolitaria09.blogspot.com
http://dimarcheonline.wordpress.com

Como siempre, les recomiendo que se pasen por todos los foros y que, si los visitan, digan que van de nuestra parte. Todas ellas, me consta, son unas genios en lo que hacen. Ya me daré yo a la tarea de leer hoy todos sus escritos que, con toda franqueza, no he tenido tiempo de ver. Pero bueno, sin más qué decir al respecto, aquí les dejo mi cuento que está algo loco y no sé cómo es que ha llegado a la luz.

Conected

No se registra una camaradería como
 la que existía entre Castor y Pólux.

Mitos griegos II.
Robert Graves.

Estaba dormido cuando lo sintió, punzante en la muñeca derecha, como si alguien lo tomara de la extremidad hasta querer arrancársela. Se observó la mano, preocupado ya que el dolor no se detenía. Pese a que ese tipo de cosas le pasaban con frecuencia, Pólux no comprendía por qué. Era como si otra persona, como si un doble, padeciera lo que a él tanto le dolía. Se preguntó mentalmente si cuando a él lo lastimaban, ese otro también lo sentía. Por alguna extraña razón, estuvo seguro de que era el caso. Así que, molesto, tomó la navaja que su padre le había regalado hacía años y se pinchó el dedo. Pero a Cástor no le dolió demasiado. Su padrastro le había dado ya una tunda y dudaba que ese pincho en el dedo pudiera afectarlo más. No creía que haber dejado escapar a los cerdos fuera para tanto, menos si los había recuperado uno a uno antes de que la labor comenzara. Al final del día, no perdió ni tiempo ni cerdos. Sin embargo, como siempre pasaba, su padrastro no tenía compasión por nada. Pese a sus 13 años, el chico debía hacer las cosas como adulto, no había otra manera.

-La zorra de tu madre se largó nada más saliste del huevo y ahora tengo que lidiar contigo. ¡Por lo menos gánate el maldito pan que te llevas a la boca! –era su cuento de todos los días. Era por eso que, con el tiempo, Cástor había aprendido a no reírse sobre el tema del huevo. Cuando era más chico preguntó al respecto, pero lo único que se llevó fueron unos golpes secos y una cara de desagrado. Al pasar de los años, la referencia del huevo le parecía más bien una metáfora para decir que su madre se había ido en cuanto dejó de amamantarlo.

Así que se levantó del suelo, se ató bien las sandalias, y continuó con su trabajo antes de que su padrastro lo reprendiera por holgazanear. Mientras tanto, una vez que el dolor lo había despertado, Pólux también se puso en pie, pero de la cama. Se desperezó y observó a su hermana, Helena, todavía dormida en la cama gemela a la suya de la habitación que compartían. Le acarició el cabello y salió a una mañana fresca. Sabía que el clima cambiaría, como todos los días, que se volvería caluroso, pero al menos podía disfrutar de esto. Respiró profundo mientras una imagen lo asaltaba: un campo lleno de plantas cuyo nombre desconocía, y cerdos que iban y venían en el corral. Por alguna razón, sintió que estaba en casa.

Esa sensación le duró los siguientes 20 días. Pólux cerraba los ojos por momentos, intentando pensar qué era lo que le llamaba, de dónde venían esas imágenes. Incluso cuando sus visiones no eran buenas, se preguntaba sobre su origen. Era demasiado para él, un simple chico de ciudad a sus 13 años. Es por eso que ese día, cuando sintió que no pudo más, tomó sus cosas, empacó unas cuantas prendas y se despidió de su familia. Necesitaba salir a encontrar esa parte que sentía que le faltaba, fuera cual fuera. Necesitaba sentirse medianamente completo o, por lo menos, no sentirse tan perdido. Por otro lado, a unos 80 kilómetros de la ciudad, Cástor recibía otra tunda con un palo por vender una cabra sin permiso. Su padrastro había estado enfermo y, sin dinero, el muchacho se había visto forzado a vender la susodicha cabra y comprar unas hierbas. Claro que, en ese momento, mientras se dolía, tumbado en el suelo, se arrepentía totalmente de haberlo ayudado. Ahí dolorido, Cástor jamás se imaginó que alguien había salido en su búsqueda.

Los años pasaron, como todo en la visa. Cástor siguió trabajando la tierra bajo la estricta mirada de su padrastro mientras Pólux conocía lugares y gente, viajaba siempre protegido por la olímpica mirada de su padre a quien a veces dedicaba libaciones y hecatombes pidiéndole que lo ayudara en su búsqueda. Y así lo hizo, pero hasta tres años después, cuando Pólux casi se daba por vencido. Un hombre, un tal Jasón estaba reuniendo un grupo de personas para ir en busca de del Vellocino de Oro. Durante la noche, su padre se le apareció en sueños y le dijo que se enlistara con dicho hombre, que se uniera a él en una última aventura antes de que todo terminara, antes de que volviera a casa con Helena y  siguiera su vida de forma normal. Y eso hizo Pólux, al siguiente día apareció en el muelle, buscando a Jasón, y le dijo que se enlistaba. Jasón lo miró sin entender nada y alzó una ceja.

-Quedó claro la primera vez que me lo dijiste, muchacho –aseguró, confundiendo a Pólux con Cástor ya que este segundo, tras la inminente muerte de su padrastro el día anterior, se había sentido en la necesidad de salir a buscar aventura, de salir a buscar el propio rumbo de su vida. De cualquier forma, ya que Pólux no entendió el comentario, fue a apuntarse en la lista con el segundo de a bordo y se recargó contra la baranda del muelle, esperando por abordar.

Fue ahí cuando la mirada de ambos se cruzó. Era exactamente el mismo tono de ojos y la misma forma, sólo que había algunas diferencias. Cástor tenía la piel tostada por los años en el campo y su cabello era algo más oscuro, mientras que Pólux tenía unos rulos dorados que sacaban destellos con el reflejo del sol. En la distancia se estudiaron de los pies a la cabeza. Su complexión era la misma, pese a que Pólux no había trabajado demasiado su cuerpo. No se podría decir quién de los dos era más alto. Sin poder evitarlo, ambos se sonrieron cuando sus miradas volvieron a cruzarse. Entonces Cástor se acercó a Pólux y le dio un golpe seco y juguetón en el hombro.

-Me dolió el dedo esa vez –renegó a modo de broma.

FIN.

¿Qué les ha parecido? ¿Les ha gustado? ¿Debería retirarme del negocio? Como sea, saben que espero sus comentarios más abajo y que, además de leerlos todos, prometo comentarlos uno a uno ya que siempre son agradecidos. Por lo demás, sólo me queda aclarar que nada de esto está apegado a la mitología “oficial” así que le recomiendo a mis haters que no comiencen con lo de las edades de los gemelos y esto y lo otro. Y sin más qué decir por el momento, espero en serio que les haya gustado. Además les recuerdo que se pasen a las historias de mis compañeras y les dejen bellos comentarios.

Saludos enormes,



14 mayo 2018

La venganza del tigre azul

Autor: Eduardo González.
ISBN: 9789504656050
Género: young-adult, fantasía.
Editorial: Loqueleo.
Número de páginas: 128.
Sinopsis: Valentín despierta con una extraña sensación. Está flotando. Emerge de un abismo donde la muerte lo roza y vuelve a la vida. Un nuevo corazón se instala en su cuerpo. ¿Quién será su dueño? ¿Es eso lo que explica su nueva forma de pensar y de ser? ¿Es eso lo que impulsa sus ganas de separarse de Vera? Valentín debe enfrentar una verdad que lo atormenta y lo conduce a una peligrosa venganza.

Historieta y texto dialogan con elegancia, mientras tigres azules amenazan con cruzar los límites de la ficción. 

¡Muchas gracias a Loqueleo por el ejemplar!

Reseña: La venganza del tigre azul es una novedad de mayo por parte de Loqueleo, una editorial que últimamente me viene enviando varios libros de muy buena calidad, y este, como no podía ser de otra forma, sigue la misma línea, mejorándola incluso.

Valentín es un joven que sueña con jugar en la NBA, pero un día su corazón empieza a fallar y es sometido a un trasplante que llega de un donante anónimo. A partir de ese momento, comienza a sentir muchos cambios: en su forma de ser, de pensar, en sus gustos y hasta en cómo ve la relación que tiene con su novia Vera. Y así, ayudado por el libro El conde de Montecristo (uno de mis favoritos, por cierto), por su doctora, un librero y unos misteriosos sueños que tiene donde aparece un tigre azul, tratará de descubrir la verdad.

"Solo podemos enamorarnos de nuestras ideas, porque con ellas vamos a construir un mundo mejor, y de nuestras armas, porque es lo único que nos va a mantener con vida."

La historia me sorprendió bastante, debido a que junta temas que me gustan como el básquet con la literatura, y toca otros que creo que son necesarios para la sociedad actual como el bullying, además de que algunas partes del libro son narradas en formato historieta, cosa que voy a desarrollar un poco más adelante.

En la primera parte uno no tiene mucha idea de lo que está pasando, y yo formulé varias hipótesis, de las cuales ninguna fue verdad 😂, así que considero el hecho de que la trama no sea previsible como un punto a favor, a esta altura son pocos los libros de los cuales uno no sabe cómo va a terminar leyendo un par de capítulos.

"Todo mal tiene dos remedios; el tiempo y el silencio."

Los dibujos sinceramente me encantaron, no me esperaba que fueran tan buenos, creía que iban a ser más de relleno pero por suerte me equivoqué: la mayor parte de la recta final del libro está narrada solamente en este formato, decisión que considero más que correcta.

La narración es rápida, fluida y no se anda con vueltas. Es un libro excelente como para leer en una sentada, ya que no sólo se lee rápido, sino que la historia es absorbente, tiene unos personajes interesantes y una vuelta de tuerca promediando la mitad del libro que a mi me gustó mucho. Lo recomiendo a cualquier tipo de lector, La venganza del tigre azul resultó una de las mejores sorpresas para mí de lo que llevamos de 2018.

01 mayo 2018

Quizás en el tren

Autores: Martín Blasco y Andrea Ferrari.
ISBN: 9789504655053
Género: young adult.
Editorial: Loqueleo.
Número de páginas: 144.
Sinopsis: Alma -o Jiang Li para su familia- tiene diecisiete años. Vive en el barrio chino de Buenos Aires, acaba de enfrentar una mala experiencia amorosa y se siente sola. Jorge tiene treinta años, roba celulares en los trenes y tampoco pasa por su mejor momento. En apariencia no tienen nada que ver. Pero se cruzan. Una vez y otra vez.
Una novela a dos voces sobre las posibilidades perdidas y encontradas o lo que pasa cuando pensamos que nada está pasando.
Muchas gracias a Loqueleo Argentina por el ejemplar. 

RESEÑA: Si hay algo que me encanta de los libros de Loqueleo, es la variedad de historias que tienen, hace poco estaba leyendo Leyra, una novela de misterio, y antes alguno con toques más de ciencia, como Lo que guarda un caracol, y ahora les traigo la reseña de un YA con pequeños toqes de romance escrito a cuatro manos: Martín Blasco (de quien leí La oscuridad de los colores) y Andrea Ferrari (leí Las marcas de la mentira), dos autores que en su momento tuve que leer para el colegio y que me gustaron.

La historia gira alrededor de Alma, una joven que vive en el barrio chino con su familia, que proviene de China, quien no tiene una relación muy fluida con sus padres, en parte debido a su "primo" Quiang y que además viene de una mala experiencia romántica, y de Jorge, que se dedica a robar celulares en el subte de Buenos Aires para después revenderlos. Un día, estos dos peculiares personajes se cruzan...

"El extraordinario poder de la seguridad. Si se está seguro, se puede ir por el mundo sin límites. Actuar con seguridad es la clave."

No puedo extenderme más hablando de la trama porque al ser un libro corto tengo que cuidarme en lo que digo para no spoilear nada. Me gusta la variedad de temas que se tratan: el choque de culturas argentina-china, motivo porque Alma se siente más argentina que china, todo el trasfondo del robo de celulares y la forma en que la gente lo ve...

Este no es un libro romántico, al menos no explícitamente. El romance es un tema que se trata, pero, salvo contadas ocasiones, no es algo que haga que la trama avance. Y eso me gusta, porque permite que podamos conocer otros aspectos de los personajes, como la relación que tienen con sus familias.

"¿No será más bien que esa culpa, ese hacerse responsable, es una forma de sentir que las cosas están bajo control, que lo que sucede, por terrible que sea, al menos es por nuestro mérito o por nuestra culpa, porque lo duro es reconocer que las cosas suceden y ya, que no tenemos poder sobre nada?"

La narración se divide en un capítulo de Alma, seguido por otro de Jorge y así sucesivamente hasta el final. A mí me gustaron más los de Jorge, porque se habla un poco acerca de celulares y tecnologías, que es un tema que me interesa y me gusta.

Al ser un libro corto dividido en bastantes capítulos, Quizás en el tren es el candidato ideal de libro para ser leído en una tarde aburrida, porque es disfrutable y se deja leer, solamente me hubiera gustado un poco más de desarrollo en la "relación" entre los protagonistas. Así que recomiendo este libro a todo aquel que busque una lectura buena y más ligera de lo habitual.

30 abril 2018

Bloggscritores 2

Mis queridos inmortales.

¿Sorprendidos que de nuevo sea yo? Pues sí. Este fin de semana me he dado a la tarea de no abandonarlos y prometo ponerme al día con mis reseñas para cumplir con la cuota anual de 20 como mínimo. De verdad que trabajo en ello. Incluso tengo un libro en puerta de un latino amigo de un amigo –Jonathan Vázquez- que hasta el momento es buenísimo y otro más por parte de uno de nuestros grandes colaboradores. Además, claro, reseñas de Wattpad (estoy escogiendo algo que en serio merezca ser reseñado) y una sorpresa conjunta con colaboradores del mundo mortal originarios de mi ciudad que en serio les va a gustar tanto como a nosotros hacerlo. Pero bueno, vayamos al punto y entremos en materia. Como es de esperarse, vengo a ustedes el día de hoy porque es final de mes y, como cada final de mes durante estos seis meses, he de hacer un cuento que compartir junto con nuestros colaboradores. No se olviden pasarse a cada uno de los blogs y dejar un comentario constructivo, tanto si les gustó como si no, diciendo siempre que Caronte los manda. Antes de comenzar y, temiendo que no lleguen al final de mi historia, les dejo los links de las otras participantes para que estén al pendiente:


Y sin más preámbulo, mi “maravillosa” (sí, claro) historia cuya palabra clave de este mes es ENREDADERA:


Compulsión

Sabía que de algún modo, quizá, estaba mal, que lo mejor era dejar de lado esas ideas, esos mirar a través de la enredadera. Su único amigo le decía que estaba mal, que no podía ser esa necesidad tan compulsiva, tan apabullante. Además, él, Denis, se veía como un acosador para todos cuantos lo pudieran sorprender en el momento. Sin embargo, su mejor amigo no entendería del todo sus emociones porque él no había estado ahí, no había visto y sentido lo que él. Siempre que miraba a través de esa selva verde volvía se sentirlo, aunque fuera un momento, y lo recordaba vívidamente. De decirlo en voz alta, más que juzgarlo acosador, lo pensarían loco. Es por eso que Denis sonrió con nostalgia, recordando cómo había llegado a ese lugar.

Sólo tenía 16 cuando todo pasó. Huía de su madre sumisa y su padre que pensaba que las mujeres existían para acatar órdenes. Pese a su estado de varón, Denis siempre había pensado que dicho trato no era el indicado. Recordaba claramente que esa mañana se puso en pie a primera hora y comenzó a caminar por la calle sin rumbo fijo hasta que la vio. Cualquier otro día sólo le parecería un montón de plantas contra un muro extraño pero, esa mañana, era como si dichas plantas tuvieran consciencia propia. Podía escucharlas, por lo bajo, a todas esas hojas hablando las unas con las otras en una frecuencia que hasta el momento no había escuchado. Reculó ante dicho espectáculo y esperó en silencio, creyendo que quizá era una brisa arrastrando algo que producía ese sonido. Se quedó de pie, en mitad de la acera, esperando, hasta que una voz chillona lo hizo dar un bote en su lugar.

-Son fastidiosas cuando se ponen en ese plan –una chica bajita, que a duras penas le llegaba a la cintura, lo miraba con sus ojos enormes y castaños a través de unas pestañas espesas. Al momento Denis se dio cuenta del resto: de la cara medianamente infantil rodeada de un cabello sucio y liso que parecía cortado por ella misma, de la ropa sucia y raída que parecía demasiado grande para sus pequeños miembros. Confundido, Denis alzó una ceja –Te están pidiendo que no las escales –le aclaró y el chico sintió que se perdía de algo grande –Todas las enredaderas siempre piden lo mismo pero son pocos los que entienden la realidad. No es cuestión de treparlas, sino de atravesarlas.

En sus cortos 16 años (casi 17 porque estaba a tres días de cumplir años) nadie le había dicho una cosa tan extraña como esa.

-Detrás hay un muro –le informó Denis, como si la chica fuera retrasada. Pero ella no se lo tomó a mal y, al contrario, asintió con la cabeza.

-¿Qué clase de enredadera sería si no tuviera uno detrás? En ese caso se volvería un simple arbusto –hizo rodar los ojos, como si hubiera dicho la cosa más obvia del mundo y se encaminó hacia la enredadera sin siquiera apartarla de su camino y desapareció. Muerto de miedo, Denis se quedó unos segundos más antes de seguir a la chica, sacando valor de un lugar hasta entonces desconocido. Ella lo esperaba, sentada sobre una roca al final de un camino de tierra bordeado por un bosque que no tenía fin –Estaba comenzando a preocuparme. Pensé que tendría que regresar al mundo temporal por otro mortal normal y corriente –se estremeció como si la sola idea le preocupara –Soy Mabel, por cierto.

-Denis… -murmuró el chico, no muy convencido de qué hacer o decir. Vio que “Mabel” enfilaba por el camino y la siguió de cerca -¿Qué es este lugar?

-Es Ponath town –al ver la cara de desconcierto de Denis, explicó: -Es un lugar atemporal dentro de otra dimensiona a la que sólo se puede llegar de dos maneras: o eres invitado por un habitante –se señaló a sí misma –o sabes cómo llegar.

El resto siempre se lo ha guardado para él porque se entremezcla con hazañas increíbles. Si mal no recordaba había hasta un dragón involucrado. Según lo dicho por Mabel, todos en Ponath estaban cayendo lentamente en un sueño que, al pasar de dos días, los convertía en cenizas que se llevaba el viento. Desesperada, Mabel fue en busca de una anciana sabia que vivía lejos del pueblo. Fue ella la que le dijo que buscara a un mortal del mundo temporal y que lo llevara con el dragón, él sabría qué hacer. Y lo supo, dicho dragón llamado Aliztair los llevó en su lomo tan rápido como pudo a la choza de la vieja bruja que creó el conjuro pasadizo que conectaba Ponath con el mundo temporal. Ella, por mera rabia, había soltado ese conjuro que ponía a todos en un letargo que terminaba por desvanecerlos. Los odiaba, a todos, porque la habían desterrado simplemente por la extinción masiva de hombres-gato que ella se dispuso a hacer. ¡No era para tanto! Que supieran hablar, negociar y tuvieran su propio gobierno (a veces más funcional que el propio) no era motivo suficiente para considerarlos sus iguales. Le era irrelevante, incluso, que muchos quisieran ir como refugiados de guerra a las naciones de los elfos, los gnomos e incluso los duendes. Para ella no eran mas que seres insignificantes que le servían como materia prima de sus hechizos más potentes. Pero pudieron con ella. Denis pudo con ella. Su magia no lo afectaba porque era inmune a quedarse estancado y aletargado en el sueño. Su mundo se regía por horas que avanzaban, sucediéndose unas a las otras. Era imposible que la bruja lo dejara estático.

En todo eso pensaba mientras observaba la enredadera al otro lado de la avenida de esa nueva ciudad a la que se había mudado tras terminar la universidad. En eso y en la despedida. En las palabras de Mabel cuando le dijo que podía quedarse.

-Pero no quieres… -había murmurado la chica –Algo te espera en el lugar de los relojes… -lo miró por última vez con esos enormes y redondos ojos suyos antes de dejarlo cruzar. Pese a sus ganas, Denis no podía quedarse en Ponath. Su madre se quedaría completamente sola sin él, a merced de su padre. Era necesario regresar. Y así lo hizo. Al menos físicamente porque su mente vivía de forma constante en ese lugar que cada día parecía más un sueño que tuvo de pequeño. Se fue difuminando lentamente entre la frustración y el desasosiego de no poder regresar al no tener manera de contactar a nadie que lo llevara ni saber cómo llegar por sí mismo. Hacía más de seis años que su madre había muerto, ya no pertenecía a ese mundo y, sin embargo, nadie jamás había vuelto por él. Quizá después de todo sí que era un sueño, uno del que era necesario despertar.

Molesto consigo mismo se hizo la firme promesa de no volver a mirar a través de una enredadera a la espera de ver Ponath al otro lado. Nadie lo había buscado, ni Mabel, ni el dragón. ¡Él también los olvidaría! Se convertiría en ese hombre adulto que se suponía que debería ser, ese que tenía un trabajo cómodo pero mediocre en una oficina cualquiera… Reprimiría dentro de sí esa necesidad, esa compulsión a veces enferma de acercarse a ver si las hojas le susurraban de nuevo o si había algo más que un muro tras las enredaderas. Ignoraría el sudor en las manos o el escalofrío de emoción que le recorría la espalda cuando una brisa ligera movía las plantas. Haría como que ya no sentía ni pensaba nada sobre el tema. Sería como superar una adicción que lleva tantos años contigo que parece más bien una costumbre.

-Pareces demasiado enojado. Seguro que ya no las escuchas, pero te siguen pidiendo que no las escales –unos ojos redondos y grandes le devolvieron la mirada. Denis sonrió de forma genuina por primera vez en muchos años. Era momento de volver a casa.
FIN



¿Les ha gustado? ¿Sí? ¿No? Como siempre, espero sus dudas, quejas y amenazas de muerte en los comentarios, además de sus recomendaciones para hacer de este (y los anteriores o los que vengan) cuentos mejores. Por supuesto, también espero sus correcciones ortográficas. Miren que no soy Zeus aunque a veces lo parezca y cometo errores. Y creo que esto es todo, no tengo nada más qué decir por el momento excepto que, como siempre, estén al pendiente de nuestras reseñas y de todo lo que tenemos (y claro que escribiremos) para ustedes.


Saludos enormes,


La lógica inexplicable de mi vida

Autor: Benjamin Alire Sáenz.
ISBN: 9789877472912
Género: young adult.
Editorial: V&R YA.
Número de páginas: 472.
Sinopsis: Durante toda mi vida me sentí seguro de todo. Tengo el mejor papá que alguien podría pedir. Mi familia, de raíces mexicanas, siempre estuvo ahí. Samantha y Fito, mis mejores amigos, son simplemente eso: los mejores. Al menos para mí.
Pero hay algo que me perturba.
Y sé que todo está a punto de cambiar para siempre. Tal vez de eso se trate la vida, de cambiar, crecer, arriesgarnos. Pero necesito encontrarle una lógica, un sentido, antes de perderme en mí mismo.
¿Quién soy? ¿Por qué me siento así? Espero descubrirlo. Pronto.

RESEÑA: Uff, ¿por dónde debería empezar? La lógica inexplicable de mi vida es la primera novela que leo del escritor Benjamin Alire Sáenz, más conocido por su libro Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo, el cual todavía no pude conseguir. Compré este libro cuando estaba en un momento complicado de mi vida, fue más bien una de esas compras para sacarse las ganas de algo. Y hoy, casi un año después de ese momento, y tras un mes de lectura, debo decir que este es quizás uno de los mejores libros que leí en mi vida.

La historia, ubicada en El Paso, Texas, cerca de la frontera de los EEUU con México, gira alrededor de Salvador, un joven de unos diecisiete años que vive con su padre, quien lo adoptó después de que su madre biológica falleciera. No sabe nada de su padre biológico, o "bio-padre", como se lo llama en la novela. Salvador no sabe muy bien qué es lo que quiere para su futuro, es alguien que siempre ha intentado mantenerse al margen de todo, pero ahora están pasando cosas en su interior y él no sabe por qué.

"Y eso es lo que pensé: las palabras existen solo en teoría. Y luego un día como cualquier otro te cruzas con una palabra que solo existe en teoría y te encuentras con ella cara a cara. Y luego aquella palabra se convierte en alguien que conoces."

Ahí entra en juego su mejor amiga desde la infancia, Sam, una chica que es más activa, más viva y rebelde, y que vive en continúas peleas con su madre. Por otro lado tenemos a Fito, que viene de una familia de adictos a las drogas y que aún así la pelea para poder llegar a asistir a la universidad. Estos tres podemos decir que son el trío protagonista, pero hay muchos personajes más. Como por ejemplo Vicente, el papá de Salvador, un pintor, y la madre de éste, Mima, con quienes el protagonista forma unas relaciones hermosas y muy creíbles.

Como habrán visto, no expliqué prácticamente nada del "problema" de la historia, más que nada porque en La lógica inexplicable de mi vida no hay un solo nudo que conlleve a un solo desenlace, sino que son muchas las situaciones por las que los personajes van pasando, y el libro se centra en cómo estos hechos repercuten en ellos, más que nada en sus emociones: cómo afrontan una pérdida, una pelea, una amistad, la sexualidad, y hasta temas que no se suelen tocar como deberían, como el abuso o las drogas.

"El dolor significa que amabas a alguien. Que realmente amabas a alguien."

Este fue el primer libro que admito que provocó que me emocionara, no una, sino dos veces. Lógicamente no puede decir en qué momentos, así que me voy a limitar a contarles que me hicieron pensar muchísimo, sobretodo en el mundo en que uno valora a la gente que quiere. Porque varias veces más allá de estas situaciones me sentí identificado con Salvador porque es un adolescente de mi edad, y muchas cosas que él pasa durante el libro fueron cosas que también a mi me pasaron o me pasan, como el no saber cómo encarar el tema de elegir una carrera para la universidad.

La novela cuenta con casi quinientas páginas, que a simple vista puede parecer mucho tratándose de un YA, género cuyos libros normalmente rondan las trescientas páginas a lo sumo. Sin embargo, no considero que eso sea una desventaja, todo lo contrario, porque la narración se encarga de que cada capítulo, cada hoja, tiene un significado y contribuye a la trama. Podía leer cincuenta hojas en poco tiempo, después miraba el reloj y quedaba tipo "¿en serio pasó tan poco tiempo?", porque te absorbe y te hace querer leer más y más.

"Mirar a alguien, realmente mirarlo. Eso es amor."

Nunca había usado tantos post-it en un libro como con este, donde usé alrededor de veinte, fueron tantas las frases o situaciones que me encantaron, que es una lástima que por cuestiones de organización de la reseña solamente pueda poner unas pocas.

Párrafo aparte se merece la edición, que como todo libro de VRYA, es hermosa, cada página tiene decoraciones de rayitos, hojas o signos de exclamación que hacen más llevadera aún si cabe la experiencia de lectura.

"A veces postergas cosas. Y te vuelves adicto a postergarlas."

Bueno, hace bastante que no disfrutaba tanto hacer una reseña. La lógica inexplicable de mi vida se convirtió en uno de mis libros favoritos de siempre. Sus personajes, la trama, todo lo que pasa simplemente me encantaron. Lo recomiendo a todo aquel que quiera leer un excelente YA, o más bien a cualquier adolescente.